La delincuencia y los crímenes en el Perú

El cuerpo humano convive con un porcentaje de virus, bacterias y otro microorganismos considerados nocivos que sin embargo no impiden que funcione con normalidad. En nuestras sociedades, de forma análoga, existe siempre un porcentaje de malos elementos que no impiden que se desarrolle con cierta normalidad aunque manteniendo, eso sí, alertas a los cuerpos de seguridad y a la ciudadanía en general.


La criminalidad aumenta en el Perú

En los últimos tiempos, sin embargo, ese porcentaje ha aumentando en porcentajes alarmantes en el Perú, superando los límites permisibles y constituyéndose, por ende, en uno de los mayores problemas sociales al que hay que destinar ingentes recursos económicos, humanos y logísticos.

Ollanta y su nula política contra la criminalidad


Cabe recordar que una de las bazas electorales del ex presidente Ollanta Humala Taso en la campaña electoral de 2011, fue que atacaría eficazmente la creciente inseguridad ciudadana dada su condición y formación militar. Tras finalizar su gobierno, no obstante, la delincuencia, la criminalidad y la corrupción son acaso peor que antes del inicio de su gestión en julio de 2011.

La inseguridad ciudadana parece no importar a los políticos
La delincuencia aumenta en el Perú
(Imagen de Perú.com).
Pareciera, de hecho, que a los políticos peruanos no les importara el problema, lo cual queda patente con la casi indiferencia de la mayoría de congresistas ante esta problemática que no para de aumentar los últimos años. ¿Qué más tiene que ocurrir para que legislen a fin de impedir, entre otras cosas, que casi el noventa por ciento de los detenidos acusados por dichos delitos sean al final puestos en libertad?

La delincuencia y las instituciones que la apoyan

Muchos somos además testigos de la especie de complicidad de muchos miembros de la Policía Nacional, el Poder Judicial o el Ministerio Público, con quienes manejan esta lacra social.

Por ejemplo en Iquitos, se ha dado muchas veces el caso de que cuando a alguien le roban su vehículo (moto o motocar, fundamentalmente), denuncia el hecho en la comisaría y recibe “casualmente” la llamada telefónica de alguien instándole al pago de una importante suma de dinero como condición para recuperarlo. Esta y otras situaciones desde el lado institucional y político, junto a innumerables actitudes similares, agravan el problema.

El derecho de piso para ser candidato

Y está también la especie de derecho de piso o cupo que pagan incontables ciudadanos que pretender acceder a una candidatura a regidor, congresista, alcalde o gobernador regional. Alguno de ellos, se comenta, en la pasada campaña electoral de 2016 pagó entre 500 mil y un millón de soles para ser considerado como candidato al Congreso por Loreto, sin que al final haya sido considerado en la lista oficial.

El mal ejemplo viene desde arriba

Ello, al tiempo de tergiversar la esencia del término democracia, en la medida que quienes pagan son los que llegan al poder, no aquellos con seguramente verdadera vocación de servicio en la línea de lo que significa realmente hacer política; genera un mal ejemplo que contradice el clima de ejemplaridad que debe partir de las instituciones sociales y gubernamentales.

Unidad e integridad ante la delincuencia y la inseguridad

Por lo que, el problema menguará cuando desde los entes encargados de combatirlo, exista una firme convicción de hacerlo siguiendo los procesos legales establecidos y el personal sea el más idóneo y no sólo un mero eslabón de esta especie de cadena que, lamentablemente de momento, no tiene visos de romperse.  

Y la ciudadanía en general se convenza de que solo actuando con responsabilidad e integridad, no sera una parte más de dicha cadena de la que muchas veces sin saberlo o quererlo, fungimos de mero integrante más dada nuestra condición de ser social.

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