Recuerdos de La Habana

“Vas a flipar en La Habana”, me dijeron algunos amigos españoles al comentarles que iría a la capital de la isla caribeña de Cuba, a exponer una ponencia sobre el sector de la madera del Perú, en un congreso-taller desarrollado durante algunos días de septiembre de 2005.
“Flipar” se entiende en España como algo parecido a la sensación de alucinar, pasar un momento inolvidable. Aunque me ha costado reflexionar si fueron momentos inolvidables por la sensación de fascinación o desilusión, lo que experimenté aquellos días visitando la isla de Fidel.
Parque en La Habana.
El turismo salvó a Cuba

¿Qué suscitó en mí tales antagónicas sensaciones?

Quizá el hecho de haber apreciado evidentes signos de modernidad en torno al sector turístico y, a la vez, de indudable abandono en gran parte de la ciudad. 

Signos de modernidad que empezaron, por cierto, a erigirse luego de la apertura a la inversión internacional que Castro se vio en la necesidad de efectuar, cuando Cuba dejó de percibir los millones de dólares que la desaparecida URSS le transfería anualmente hasta antes de colapsar, y lo que al mismo tiempo le ha permitido mantenerse a flote en los últimos tiempos.
Hoteles de La Habana.
No siendo por ello arriesgado esgrimir que de no haberse producido dicha inversión turística toda La Habana y no esencialmente su famoso Barrio Viejo, darían aún la sensación de gran parte de los barrios que circundan por ejemplo Lima Metropolitana y otros sectores de importantes ciudades latinoamericanas: de abandono y descuido por parte de la población y el Estado.
El añejo señorío de la Habana

Vienen a mi mente casonas que a pesar del descuido y abandono que evidencian, no ocultan la belleza que en su momento tuvieron; muchas pistas en mal estado, veredas en su mayoría destruidas, y cientos o miles de personas habitando edificios antiguos y en mala situación en el casco antiguo de la ciudad. Todo ello, sin embargo, comprensible hasta cierto punto, dado el embargo económico y comercial al que está sometida la isla.
Hotel del centro de la capital de Cuba.

Y merecen especial mención las ostentosas casonas antiguas hoy muy bien acondicionadas como hoteles, el famoso capitolio de la ciudad que según datos ahí recogidos es algo más grande a los otros dos existentes en Washington y Buenos Aires, o las antiguas mansiones aún admirables en los alrededores de La Habana. 

Legados del tiempo en que la isla era una especie de playa privada de Estados Unidos y que según versiones de cubanos, fue otro de los detonantes del suceso armado liderado por Fidel y el Che, el cual, pese al tiempo transcurrido tiene e incluso adquiere nuevos adeptos en todo el mundo.
El Capitolio de La Habana.
El discutible orgullo cubano vigente

Algo que por otro lado explica tal vez la especie de orgullo que pude ver reflejado en el rostro de los cubanos que osaron responder a mi pregunta respecto a la visión que creen tiene su país en el extranjero: “somos el único país que no ha dejado, a la mayor potencia del mundo, hacer lo que quiere en nuestro territorio”. Lo que mirando algunos sucesos alrededor del mundo en la actualidad, no es aún difícil de comprender.
Creo, sin embargo, que tal sensación no es suficiente para dejar que las cosas sigan ahí como hasta ahora, a pesar de la todavía persistente actitud de muchos Gobiernos y empresas de todo el mundo que instan a mantener actitudes reticentes a la apertura internacional.

Ante lo que creo que cabe más bien anteponer alternativas justas y eficaces a los modelos desarrollistas que trae al mismo tiempo consigo dicho modo de proceder y que tanto ha afectado y sigue haciéndolo al hombre y a su medio ambiente natural, aspecto en el que el factor educación tiene un papel determinante, y en lo que precisamente la isla de Cuba ha sobresalido los últimos años.
Artículo publicado en la Revista “Riomar” de Iquitos-Perú, el año 2006.

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